Ya vimos cómo la imaginación literaria creó un modelo de ser caballero, el cual representaba la cotidianidad al mismo tiempo que recibía inspiración de la misma realidad. También explicamos cuál era el deber ser del caballero, cómo se esperaba que actuara en la sociedad y cómo se contemplaban así mismos los grandes señores de la guerra. Es momento de mover el discurso hacia un plano menos simbólico y analizar la función principal que tenía la Caballería en la sociedad medieval: la violencia y la guerra.
Del campo de batalla a la corte real
Con el imperio carolingio en el siglo IX llegó una nueva forma de organización militar, en la que las campañas militares se intensificaron en contra de los musulmanes, vikingos y magiares. Esto, aunado a un nuevo sistema de repartición de tierras, ayudó a sentar las bases de la futura Caballería aristocrática, pues ahora a la fuerza de caballería se le exigía un compromiso mayor con el emperador (mismo que era pagado con más y más tierras) y, por lo tanto, el caballero se volvía un especialista de la guerra al servicio de la autoridad terrenal, pues era requerido para campañas cada vez más largas y más ambiciosas.
Finalmente el caballero, antaño guerrero y campesino, se transformó a partir del siglo XI en el Caballero que es un combatiente de élite y que al mismo tiempo ostenta un título nobiliario. Ello se debió en un primer momento a la propia decadencia del imperio carolingio, que generó la descentralización del poder político y el triunfo de los señores feudales. Esta decadencia imperial promovió constantes luchas entre los príncipes y grandes señores, mismas en las que los caballeros jugaron un papel importante como dirigentes de la guerra. Esto generó una incursión mayor por parte de la Iglesia para regular la violencia entre cristianos, lo que desembocaría finalmente en la idea de Cruzada para direccionar la guerra hacia Oriente, así como discusiones jurídicas en torno a la guerra justa y la justicia en la guerra. Finalmente, entre los siglos XI y XII, el Caballero alcanzó a configurarse en la imagen dignificada que ha sobrevivido hasta nuestros días: noble y valeroso; que presta sus servicios al rey dentro de la corte y en los asuntos del estado; defensor de la Iglesia contra paganos y herejes; así como de las mujeres y de los pobres.
Tropas especializadas
A partir del siglo XI y XII ya observamos una diferencia mucho más importante en el armamento y en la capacidad defensiva de la caballería. La lanza otrora usada como jabalina fue sustituida por una lanza mucho más larga y resistente que se atoraba por debajo del brazo; la fuerza del impacto ya no dependía del impulso del brazo, sino de la potencia de la carga. La cota de malla comenzó a generalizarse y se amplió para cubrir toda la parte superior del cuerpo, y hacia el siglo XIII y XIV, fue reemplazada por las armaduras de placas laminadas que cubrían la totalidad del cuerpo del guerrero. Este nuevo armamento era imposible de costear para los soldados de a pie, quienes se vieron reducidos a mantener su antiguo sistema de armamento: espada, cota de malla y picas.
Y no sólo eso, también la propia forma de luchar se volvió mucho más especializada por parte de la Caballería. Antes del siglo XI, el combate a caballo no era muy diferente del combate a pie: la espada se utilizaba para dar tajadas, mientras la lanza sólo se usaba como arma arrojadiza o para dar estocadas en un combate frontal. Durante la Plena Edad Media, la Caballería le dio prioridad a la carga a caballo con lanza en mano de forma horizontal, con la intención de aprovechar la fuerza potencial y causar el mayor daño en los enemigos. En esta técnica, la espada sólo se utilizaba después de que la lanza se hubiese roto.
Adiestramiento: justas y torneos
La guerra era la principal actividad de la Caballería medieval. En realidad, el Caballero no realizaba trabajo manual alguno, sino que sólo se limitaba a administrar y extraer recursos de sus propios feudos. Ello le permitía dedicar la mayor parte de su tiempo al entrenamiento militar, algo que era vital en una sociedad organizada para la guerra como lo fue la Europa a partir del siglo XI. La lucha cuerpo a cuerpo con la espada era un elemento básico del adiestramiento del Caballero, con lo cual aprendía a defenderse y a atacar con la “Knightly sword”. Además, si era rey o príncipe, debía dedicar una buena parte de su tiempo a la lectura de los distintos manuales militares que se difundieron en la época.
Se esperaba que un caballero fuera un guerrero competente, no sólo en el combate individual, sino también en el colectivo. Para ello, existían distintas festividades –además de las justas– en las que los Caballeros podían participar de forma colectiva. La actividad más común en la que podían participar era la caza de jabalíes o de ciervos, en los que la nobleza se organizaba para practicar no sólo sus habilidades de cacería, sino también destreza al cabalgar.
Sin embargo, el máximo torneo al que podían aspirar para practicar sus habilidades guerreras era la “mêlée”, que también podía organizarse de distintas formas, ya fuera en un campo abierto o en uno relativamente cerrado, pero siempre de la misma forma: dos grupos de caballeros se organizaban en dos puntos opuestos del terreno, se colocaban en formación cerrada con las lanzas sostenidas a su costado y se embestían; el objetivo de este ejercicio era practicar el combate colectivo, así como capturar a tantos caballeros enemigos fueran posibles.
Autor: José Francisco Vera Pizaña para revistadehistoria.es

El cine mudo reanuda la nueva temporada del Teatro San Francisco — Tam-Tam Press

Por CAMINO SAYAGO.- El próximo martes 16 de enero arranca de nuevo la programación del Teatro San Francisco (León). Abrirá sus puertas con la proyección del clásico ‘El chico’, de Charles Chaplin, dentro del ciclo ‘El cine de los Capuchinos’. El 20 y 29 de enero dará inicio el programa de Teatro familiar y el ciclo ‘Músicas del mundo’. Y el teatro dirigido al público adulto, comenzará el 16 de febrero. Dos cursos, sobre las técnicas de la narración y sobre técnicas del trabajo de clown, completan la oferta del primer semestre del año.

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Homenaje a Gloria Fuertes en Eutherpe — Tam-Tam Press

La Sala Eutherpe (León) acoge este fin de semana una intensa programación, con tres conciertos de piano y guitarra. El primero de ellos, este viernes 9 de marzo, rinde homenaje a la poeta y escritora madrileña Gloria Fuertescon música de la compositora Teresina Jordá. El 10 de marzo será el turno de Romina Casuci, Beatriz Amato y Luciano Ruotolo y el 11 de marzo el de Roberto Moronn Pérez. Todos los conciertos tendrán lugar a las 20:00 horas.

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Coronel José Segundo Roca

Coronel José Segundo Roca

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Es muy importante conocer las memorias de un hombre honesto y serio, muy poco conocido por los historiadores. El padre del Teniente General Julio Argentino Roca. Coronel don José Segundo Roca, es una figura muy singular que queda relevada a un segundo plano por el protagonismo principal de su hijo que fuera presidente de la Nación en dos ocasiones.
Fue el único oficial superior del ejército argentino que participo en las guerras del Perú, en la de Ecuador, en la del Brasil, las dos grandes guerras civiles, la lucha contra el estado de Buenos Aires y la guerra del Paraguay. Sirvió a ordenes de Belgrano, San Martin, Las Heras, Arenales, Bolívar, Sucre, Santa Cruz, Alvear, Mansilla, Lavalleja, Lavalle, Paz, La Madrid, Urquiza y Mitre.
Nació en Tucumán-Argentina en 1800, fue su padre el capitán español don Pedro Roca y la tucumana María Antonia Tejerina.
Cursó sus estudios en la escuela del Convento de San Francisco, de dicha ciudad, y educado en un hogar respetable, donde se hacía un culto de las virtudes cívicas y privadas, llenode noble patriotismo.
Se incorporó al Ejército del Norte. Sirvió primero a las órdenes del General Belgrano. Cumplido los quince años ingreso en la Compañía de Cazadores Cívicos de Tucumán, con el grado de Cabo 1°, y estando allí mismo poco tiempo después se proclamo la Independencia de las Provincias Unidas del Rio de la Plata, acantonado en esa ciudad, paso a Chile como alférez. El general Juan Gregorio de Las Heras fue su primer jefe en el 11 de infantería, siendo allí abanderado. Se destacó en distintas acciones guerreras en las cuales participó, llevando a cabo misiones muy arriesgadas a las órdenes del general Juan Antonio Álvarez de Arenales y del entonces mayor Juan Galo Lavalle, y fue amigo personal y entrañable del Capitán Vicente Suárez, el infatigable como le solían decir al paraguayo de hierro, quien montaba y cabalgaba leguas sin descanso como beduino sin agua en pleno desierto del Sahara.
Combatió en la batalla de Jauja y del Cerro de Pasco. Por su actuación en dicha batalla fue condecorado y felicitado por el general Las Heras. En premio a su destacado desempeño fue ascendido a teniente. El 9 de Julio de 1821 entra en Lima-Perú junto al general San Martín, quien al declarar la independencia ese mismo año, firma un decreto otorgando a varios militares a su mando como premio, medallas de oro con el lema “Yo fui del Ejército Libertador”, condecoración que le otorgan al ya teniente Roca según diploma que lleva fecha de Diciembre de ese año.
San Martín creó el Regimiento de cazadores a caballo del Perú, integrando en el mismo a militares extraídos del 11 de infantería, entre ellos a Roca, quien fue enviado a pacificar la localidad de Trujillo, amenazada por prisioneros realistas sublevados. Este cuerpo formó parte de la división que comandaba el general Andrés de Santa Cruz. Fue enviado en auxilio del ejército que efectuaba la campaña en Ecuador a las órdenes del general Sucre y el 24 de Mayo de 1822 obtienen la victoria de Pichincha sobre las fuerzas realistas. En esta acción que fue derrotado el ejército realista a las órdenes del virrey Aymerich, la división de Santa Cruz que integra Roca tiene una acción heroica. Siendo designado para llevar personalmente el parte de la victoria a San Martín.
Después del combate de Zepita, a él, como a otros jefes que participaron en la acción, le fue otorgada una medalla de oro con la siguiente inscripción. “En la cuna de los Tiranos, labre su sepulcro” y en la otra cara. “Al valor de los Húsares de Zepita”. En el parte del combate se menciona especialmente a Roca por haberse destacado por su valor.
A su regreso a Lima al termino de la campaña, fue designado ayudante de campo del general José Lamas y Cortázar que debía operar en el norte del Perú..
Desde el 4 de Enero de ese año fue ascendido a capitán de caballería. Por su valor y decisión en la batalla de Pichincha, se le otorgó el grado de sargento mayor con fecha del 22 de Junio, siendo premiado por el Cabildo de la ciudad de Quito con medalla de oro, con otra de igual metal otorgada por Bolívar, y una tercera también de oro, decretada por el gobierno de Perú.
Participo en la batalla de Junín y por su comportamiento en ella recibió una medalla de oro, al igual que Isidoro Suárez, el héroe de esa famosa jornada guerrera, que le fue otorgada por Simón Bolívar. Como edecán del cuartel general fue comisionado por el mariscal Sucre, ante el general Bolívar, para llevar el parte de las operaciones practicadas e informarlo del estado del ejército. Al regresar de ésta comisión, el mayor Roca gravemente enfermo, razón por la cual no pudo asistir a la batalla de Ayacucho, por expresa voluntad del general Simón Bolívar le fueron concedidos los honores y premios como si hubiese actuado. A los 25 años había actuado en más de diez combates ganando distinciones y medallas.
De regreso a Buenos Aires, Bernardino Rivadavia reconoció sus servicios y se le reconocieron los grados obtenidos en el Perú. Se incorporo al Ejercito Republicano que operaba en la Banda Oriental.
Fue Ayudante de campo del Gral. Lucio Mansilla y a sus ordenes estuvo el 16 de febrero de 1827 en la batalla de Ombú, luego en Ituzaingó, en Camacúa y en los Potreros del Padre Filiberto. Edecán de Carlos de Alvear y del Gral. Lavalle, en Puente del Marquéz. En la batalla de Salta a las ordenes del Gral. José Ignacio Gorriti, por merito a su actuación es ascendido Coronel el 23 de Setiembre de 1831. Combatió contra Facundo Quiroga en la batalla de La Ciudadela de Tucumán, vencido debe emigrar a Bolivia. Volvió al país con el Gral. Javier López, con la idea de derrocar a Heredia, gobernador de Tucumán. Fueron vencidos en Famailla, se salvo del fusilamiento a instancia por la intervención de Juan Bautista Paz y Figueroa, y al poco tiempo se caso con su hija, la ilustre matrona Agustina Paz Mariño, una de las más bellas damas de Tucumán y de familia patricia, descendiente de los conquistadores españoles, Lorenzo Suárez de Figueroa y Martín Suarez de Toledo. Actuó en el ejército de la Confederación Argentina con el grado de Coronel, participo en las batallas de Cepeda 1859 y Pavón 1861.
Participo en la Guerra del Paraguay, sirvió en el Campamento de Ensanaditas, cercana a San Cosme en la provincia de Corrientes, pueblo que fue escenario de las acciones bélicas en la Guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay en 1865. San Cosme sirvió de Campamento Militar a los ejércitos de vanguardia de las fuerzas aliadas y allí fallece de muerte súbita el Coronel Segundo Roca el 8 de Marzo de 1866. Su jefe el general Wenceslao Paunero, ordena que una guardia de honor custodie la tienda de campaña donde permanecen sus restos, los que después fueron sepultados en el cementerio de San Cosme, con honores de ordenanza y misa fúnebre por el Capellán Castrense del Ejército.

Roca comenzó a escribir sus memorias, y la primera parte se la envió al coronel Gerónimo Espejo, un viejo amigo con el que compartió muchas luchas prometiéndole continuar estos envíos. (Parecían haber terminado los combates para el coronel Roca, cuando estalló la Guerra del Paraguay. Entonces quiso regresar a la acción, a los 66 años. Partió al frente, donde se juntó con sus hijos, todos oficiales) Esta intención no se pudo cumplir, la patria necesitaba de sus servicios, al iniciarse la guerra contra el gobierno del Paraguay. Fue comisionado para reunir los contingentes de Catamarca y Tucumán. El viejo soldado de la independencia acudió al toque de llamada militar, consiguió reunir al Contingente de Tucumán con 400 plazas, cruzando el Chaco en medio de grandes privaciones, el traslado de la tropa fue penoso, tropezó con mil dificultades, no consiguió carretas, ni caballos gordos, ni dónde comprarlos, después de muchas penurias y de increíbles sufrimientos, cansados, desnutridos y poco menos que desnudos, siguiendo a su jefe que daba el ejemplo de disciplina, llegaron a Santa Fe. Allí fueron recibidos por el gobernador Nicasio Oroño, quien les prestó ayuda hasta ser embarcados en el vapor Libertad con destino a Buenos Aires. Destinados en el campamento del Retiro, recibieron ropa, alimentos, adiestramiento e instrucción militar. Al mes marcharon al frente en el vapor Chacabuco, arribando a Corrientes el último día del año 1865. Para embarcarse en dirección al teatro de la guerra, adonde también acudieron cuatro de sus hijos, Julio Argentino y Rudecindo, que años después alcanzaron los entorchados de general, y Celedonio y Marcos, ambos oficiales, que sucumbieron en la contienda.
Roca es nombrado Jefe de la 4ta. División del 1º Cuerpo de Ejército. Destinado en el campamento Las Ensenaditas, próximo al puesto de San Cosme, en la provincia de Corrientes, pueblo que fue escenario de las acciones bélicas y sirvió de Campamento Militar a los ejércitos de vanguardia de las fuerzas aliadas y es allí donde fallece repentinamente a las 9,45 horas el Coronel Segundo Roca. El 29 de Octubre de 1884 sus hijos trasladaron sus restos desde el cementerio de San Cosme al cementerio de la Recoleta de Buenos Aires.
La muerte libró al coronel Roca de grandes dolores. No vio morir a dos de sus hijos en esa sangrienta Guerra del Paraguay. Porque poco después, en Mayo de 1866, fallecía Marcos, tras intervenir en varios combates, por una fiebre que lo devoró en Paso de la Patria. Y en 1868, perdió la vida otro hijo, el capitán Celedonio Roca, por las heridas que recibió en el ataque a Las Palmas.
Obviamente, el coronel José Segundo Roca tampoco vivió para asistir a la elevación de su hijo Julio Argentino Roca al generalato primero, y a dos presidencias de la República después. Al iniciar su segundo mandato, en 1898, Roca comentó en carta a un amigo: “¡pobre mi viejo! ¡Cuánta alegría hubiera experimentado, no digo al verme presidente por segunda vez, en esta tierra donde es tan difícil mantenerse por mucho tiempo en la cureña, sino cuando fui general a los 31 años sobre el campo de batalla! Su alma de soldado se hubiera estremecido de satisfacción y de contento”.
El coronel José Segundo Roca, fue un guerrero nato a quien se le debe la victoria y cuya valoración debe compartirse con justicia con la que conquistaron sus generales en la independencia, en el Brasil y en el Paraguay. Es por eso que se ganó el derecho indiscutible a ser considerado. Prócer de la Patria.

Fuentes:
1. ..
[S556] Costas Romano, Manuel F., Costas Romano, Manuel F., (mcostas2000(AT)yahoo.com.ar).
2. [S784] Chirico, Gabriel, Chirico, Gabriel, (gabrielchirico(AT)hotmail.com).
3. [S507] Zigiotto, Diego M., Zigiotto, Diego M., (dzigiotto1(AT)gmail.com).
4. [S451] Medrano Balcarce, Juan Manuel, Medrano Balcarce, Juan Manuel, (jmedrano76(AT)hotmail.com).
5. [S451] Medrano Balcarce, Juan Manuel, Medrano Balcarce, Juan Manuel, (jmedrano76(AT)hotmail.com), https://familysearch.org/pal:/MM9.3.1/TH-266-12346-69469-53?cc=1974199&wc=M6J7-J68:257632801,257883401,258150301.